AICHA ECHEHANNA: "En mi desgracia fui muy afortunada"
Ima SANCHÍS l Barcelona
Tengo 64 años. Nací y vivo en Casablanca. Estoy casada y tengo 4 hijos y 3 nietos. Soy diplomada en enfermería. Mi política es la defensa del derecho de las mujeres marginadas y los niños. En 1985 fundé la Asociación Femenina en Casablanca. Soy musulmana. Participo en unas charlas en el Institut Europeu de la Mediterrània.
-¿Llevó usted el chador?
-Sí, lo llevé. Verá, yo perdí a mi padre cuando tenía 3 años y medio, y a mi hermana 6 meses después. Ambos murieron de tuberculosis. Mi madre y yo nos trasladamos a Marraquesh con los abuelos.
-Y su madre se volvió a casar...
-Sí, tenía 20 años y su única opción era limpiar casas de extranjeros. Pertenecía a una familia muy tradicional en la que eso estaba muy mal visto.
-¿Qué tal su padrastro?
-A los 12 años le dijo a mi madre: "Aicha debe dejar la escuela. Le voy a comprar una máquina de coser y se va a quedar en casa. Si sale tiene que hacerlo con el chador". Mi madre, que no salía de casa sin su autorización, me metió en un autobús y me envió a casa de mi tía, en Casablanca, para que estudiara y no tuviera que llevar el velo.
-Pobre niña.
-En mi desgracia fui muy afortunada. A partir de ahí mi vida está marcada por la solidaridad que recibí de muy diversas personas. Seguramente mi sensibilidad hacia los demás es el resultado de mi deuda.
-Cuénteme qué ha recibido.
-Mi tía tampoco salía de casa, pero gracias a la generosidad de una amiga suya pude estudiar en la escuela francesa hasta que mi madre se divorció.
-¿Y se reunió con usted?
-Sí. Yo tenía 16 años y quería demostrarle que nos podíamos mantener solas, así que empecé a trabajar en una leprosería. Fue un shock, no podía entender la lepra, pensaba que me iba a contagiar.
-Pero necesitaba el dinero.
-Así es. Entonces sucedió algo muy poderoso: la gente de aquella institución luchó para que yo fuera trasladada y no perdiera el trabajo. Así llegué a la Liga Marroquí contra la Tuberculosis y otra vez tuve suerte.
-Algo pondría usted de su parte.
-Verá que no: la asistente social y el jefe médico vieron en mi un don para relacionarme con los enfermos: ´Vas a estudiar enfermería y asistencia social", me dijeron. Pero yo les dije que eso era imposible, que necesitaba ganarme la vida.
-¿Desistieron?
-Aquella mujer francesa, que estaba llena de fuerza, ni me escuchó; me apuntó a la prueba de ingreso. En lugar de ir al examen me fui al cine. "Lo siento, pero has pasado la prueba", me dijo al día siguiente. Estallé en llanto: "Debo pagar el alquiler y dar de comer a mi madre". El jefe médico y la asistente se personaron en el Ministerio de Salud Pública y consiguieron que me dieran un salario mientras estudiaba, fui el único caso.
-Sí que tiene suerte, sí.
-Pues no acaba ahí la cosa. Mi jefe en el servicio de educación sanitaria fue durísimo, pero gracias a él entendí los fundamental:me enseñó que es básico mirar a las personas, escucharlas y hablarles con el corazón.
-¿Por qué se fijó en las madres solteras?
-Le seré muy franca: mi visión de los niños abandonados cambió cuando fui madre. Empecé a hacerme preguntas y cambié la mirada. La primera madre a la que ayudé fue una chica joven de 19 años en el noveno mes de embarazo a la que su madre le dijo: "Te vas, te vacías y vuelves". Yo luché para que esa joven tuviera su hijo y saliera adelante.
-¿Y?
-Hoy la hija de esta chica es médico. Cuando tuve a mi hijo fui al despacho de una asistente social para conseguir una baja por maternidad. Entró una joven con un niño como el mío. En aquella época estampabas tu huella dactilar en un documento y abandonabas a tu hijo.
-¿Esa era la intención de aquella madre?
-Sí, se arrancó el niño del pecho, la leche le salpicó el rostro y el bebé gritó desesperado. Ese grito se me quedó grabado y fue el germen de Solidaridad Femenina, una asociación para que las madres solteras se ganen la vida y puedan mantener a sus hijos a pesar de la resistencia de la sociedad.
-¿Ha sido muy dura?
-"Vigila, me decían, si te ocupas de las madres solteras: los islamistas te vamos a matar". Hemos creado un centro de apoyo psicológico y jurídico, un restaurante, una pastelería y un hammam de lujo. -
¿Qué quiere usted?
-Que las chicas sean independientes. Observé que trataban su cuerpo con desprecio y pensé que cuidando los cuerpos de otras mujeres acabarían apreciando el suyo y sintiéndose orgullosas de ser madres. Además, en el hammam se relacionan mujeres que no tienen problemas con las que sí los tienen. Las ricas se enteran de lo que ocurre con las niñas sirvientas que están a su servicio.
-¿Qué ocurre con esas pequeñas criadas?
-No han tenido infancia ni formación, así que el primero que llega y les dice "te quiero" es el adecuado; y también sufren violaciones colectivas de grupos de hombres.
-¡¿Qué?!
-Sí, sí, Y hay casos de incesto y, últimamente, en ambiente islamista, montan una ceremonia pseudorreligiosa pero no firman el acta de matrimonio, y cuando las dejan embarazadas las abandonan.
-El aborto está prohibido en Marruecos.
-Sí, pero los ginecólogos ganan mucho dinero rehaciendo el himen.
-¿A las chicas ricas?
-A todas, perder la virginidad es perder el futuro.Pero estoy viendo un principio de esperanza; en muchos casos conseguimos que los padres firmen el reconocimiento de paternidad y así le devuelvan a las madres y los hijos su dignidad porque la libertad ya la conquistan ellas con su trabajo.