La salud también discrimina a la mujer

Marta RICART l BARCELONA

Las diferencias por razón de sexo tienen traducción en la salud. La mujer y el hombre sufren diferentes patologías o enfermedades comunes les afectan de forma distinta por sus desigualdades fisiológicas, biológicas y de papel social. Estas distinciones no siempre se han tenido en cuenta y la medicina ha tendido a minusvalorar la enfermedad en la mujer, aunque a veces fuera de manera inadvertida.

"Las mujeres hemos sido invisibles para la medicina durante años. Hay documentado un menor esfuerzo diagnóstico, terapéutico e incluso en la rehabilitación y programas de promoción de la salud entre mujeres; sus síntomas son a menudo confundidos o minimizados si no coinciden con los del varón (se les llama síntomas atípicos); sus males se tildan de psicológicos o psicosomáticos. O bien se la ha atendido extrapolando la enfermedad masculina o se ha pensado que no sufría algunas dolencias", afirma la endocrinóloga y diputada en el Parlament Carme Valls, quien ha estudiado temas de mujer y salud desde la organización Centre d´Anàlisi i Programes Sanitaris (CAPS).

Existe lo que los expertos en salud llaman la paradoja de sexo:la mujer vive más años que el hombre - una media de 83,7 años frente a 77,2 en España-, pero si se mira esperanza de vida sana o libre de incapacidad, la diferencia de años se reduce a 70,2 y 66,8 años, respectivamente. En Alemania o el Reino Unido incluso son más años en el varón, según un reciente informe Eurostat. Otros estudios reducen e igualan para ambos sexos la esperanza de vida sana a los 65 años a apenas ocho más. Así que, la mujer vive más años que el hombre con problemas de salud.

Lucía Artazcoz, especialista en medicina preventiva y salud pública de la Agència de Salut Pública de Barcelona, explica que cuando en los años sesenta y setenta se empezó a pedir mayor atención a la salud de la mujer, se aludía a la salud sexual y reproductiva (la relacionada con el aborto, la anticoncepción y el embarazo y parto). Después, creció la inquietud por el cáncer de mama y los trastornos ligados a la menopausia. Se vio que había diferencias hormonales, genéticas... entre el hombre y la mujer. Y en los años noventa se constató el impacto de la desigualdad sociológica. La incorporación de la mujer al mundo laboral y los pasos para su equiparación social al hombre han ido descubriendo diferencias derivadas de su distinto papel social que requieren corregirse, indica Artazcoz.

Si antes la salud laboral se refería a accidentes, básicamente de hombres por caídas o lesiones con máquinas, ahora hay nuevas enfermedades profesionales que afectan tanto a varones como a mujeres y, a veces, de manera distinta (como el acoso sexual o que un 10% de las mujeres empleadas lo está en el sector de la limpieza, donde hay elevada incidencia de asma e intoxicaciones).
Por otro lado, Artazcoz señala que si está confirmado que la mujer con empleo remunerado tiene mejor salud que la que sólo es ama de casa - se atribuye a que le da mayor autonomía personal y económica, y una mayor red social de apoyo ante problemas-, a partir de cierta carga laboral resultante de sumar a su empleo las tareas domésticas, la mujer tiene peores indicadores de salud. Se atribuye a que esta mujer saturada de trabajo duerme menos, se alimenta mal y hace escaso ejercicio saludable (sin contar que su trabajo suele ser más precario y monótono que el del hombre).
Una desigualdad que va contra el hombre es quedarse en paro: trastorna más su salud, en general porque el trabajo tiene un papel más central en su vida y es la principal fuente de ingresos familiares.

Las diferencias por sexos se dan también en la atención sanitaria. "Muchos médicos, incluidas facultativas - apunta Carme Valls-, han dado menor importancia a las enfermedades de la mujer y las propias pacientes hacen lo mismo. Subyace un componente discriminador que hace que valores normales se calculen a la baja en la mujer. Por ejemplo, si los hombres deben tener 4,5 millones de glóbulos rojos, se dice que la mujer, 4,1 y muchos médicos ven normal 3,5. O deciden que es normal que la función tiroidea sea más lenta en la mujer. Esto puede generar depresión, pero ante este trastorno mental no se suele analizar la tiroides, se le receta un antidepresivo sin pruebas diagnósticas".

"El hombre sufre más dolencia aguda que la mujer y como la medicina se había centrado en curar lo agudo - ahora empieza a tener más en cuenta la detección precoz, la prevención- ha investigado menos los males de la mujer", concluye Valls.

La presión para que se tengan en cuenta las diferencias de sexo en salud está favoreciendo políticas asistenciales más afinadas, estudios por sexos y que se incluya a la mujer en los ensayos farmacéuticos. A la vez, ha aparecido un movimiento que recuerda que el varón también paga por descuidadas conductas de macho (dolencias de transmisión sexual, mayor consumo de sustancias adictivas, agresividad al volante) o que el cliché de que no puede mostrar debilidad le perjudica en la prevención de dolencias y en la detección precoz de enfermedades.