"Si se va un hombre, llega otro"
Ima SANCHÍS l Barcelona
Canta descalza y fuma en concierto. No es una pose, siempre cantó descalza por los bares del portuario Mindelo porque no tenía zapatos, pero en Cabo Verde tampoco hacen mucha falta: "Somos gente muy pobre y alegre, vivimos del sol y de lo bueno". Sus manos están llenas de anillos y pulseras doradas (fiel a la costumbre africana de invertir en oro y colgarse el capital por si acaso hay que venderlo); oro que ha ido acumulando desde hace unos 15 años cuando saltó a la fama, cuando aterrizó en París con su morna, la música tradicional de Cabo Verde que combina la percusión de África occidental con los fados portugueses y las modhinas brasileñas. Evora tiene también una fundación que promueve el desarrollo de la juventud caboverdiana a través del arte y que no me nombra.
Tengo 64 años. Nací y vivo en San Vicente, Cabo Verde. Nunca me he casado, pero tengo tres hijos de padres diferentes, dos chicos y una chica que me ha dado dos nietos. Mi política es mi casa y mi familia, del resto no entiendo y no me importa. Soy católica. He cantado en el Auditori, en el 37º Festival de Jazz de Barcelona.
- Usted fue una niña pobre y huérfana de padre, ¿cuál es su recuerdo más poderoso?
- Lo más importante fue un portugués que me dejó embarazada y se fue. Parí con 17 años.
- ¿Por qué fue tan importante ese portugués?
- Me hubiera gustado que le diera un apellido a su hijo, sólo eso. Pero el hombre se fue porque terminó su contrato en Cabo Verde.
- ¿Fue un desengaño amoroso?
- No, esa no es la cuestión. Ese hombre se fue y después vino otro en su lugar. Siempre es así, uno se va y viene otro, no es una cuestión de amor, no hay tiempo para perder.
- ¿Qué paso antes de todo eso?
- Mis padres tampoco se casaron, pero vivieron juntos hasta que mi padre, violinista, murió. Yo tenía siete años. Entonces mi madre, que trabaja como cocinera, dejó a sus siete hijos con los abuelos paternos. Dos murieron y quedamos cinco.
- Su madre se quedó ciega.
- Sí, y también cuatro de mis hermanos.
- ¿Fue feliz en su infancia?
- No me arrepiento de nada, no añoro nada, viví. Lo que ocurrió con el portugués es un recuerdo, pero pasó y estoy contenta con mi hijo.
- ¿Su abuela pudo con todos?
- Mis cuatro hermanos mayores emigraron al continente, a África, mi hermano pequeño se fue a la escuela y yo ingresé en un orfanato de monjas con diez años. Allí aprendí a bordar, a leer y a escribir.
- ¿Qué imagen atesora de esa infancia?
- Una vivencia que no recuerdo.
- ¿. ..?
- Me la contó mi abuela: Cuando era muy pequeñita mi padre me tumbaba en su regazo mientras tocaba la guitarra y yo me ponía a cantar. Siempre quise cantar, en el orfanato lo hacía a diario en el coro de la iglesia.
- ¿De la iglesia a los bares?
- Así es, cantaba para los extranjeros a cambio de unas monedas, cacahuetes o whisky. En casas privadas y en fiestas oficiales.
- ¿Cuándo salió de Mindelo?
- La primera vez tenía 45 años. Fui a Portugal a grabar un disco con la Organización de Mujeres de Cabo Verde. Tres años después conocí a mi productor, José da Silva, que me llevó a París, triunfé y hasta hoy.
- Explíqueme sus mejores recuerdos.
- Lo más importante para mí siempre es el momento presente, lo que vivo ahora, este instante, y tras él viene otro.
- ¿Sin sufrimiento?
- Mi mayor sufrimiento fue lo del portugués. Con los padres de mis otros dos hijos tampoco cuajó, pero fue diferente porque son de Cabo Verde. Pero, ¿sabe una cosa?
- ¿Qué?
- El pasado pasó.
- ¿Ha vivido con alguna pareja?
- Nunca he compartido casa con un hombre, siempre viví con mi mamá. Para mí estar con un hombre es como beber un vaso de agua. Te enamoras, te embarazas y ya.
- Parece que los hombres no le han hecho perder la cabeza.
- No, me sorprenden las mujeres que permiten que los hombres las hagan sufrir, que no las hagan felices. No entiendo que sigan ahí, que se queden con ellos. No, no.
- Entiendo.
-... Yo no tengo paciencia para soportar a quien no me trata correctamente. Era joven, así que si se iba uno venía otro.
- ¿Y qué decía su madre?
- Después de que tuviera a mis hijos mi madre no decía nada, nos entendíamos sin hablar, estuvimos juntas hasta el último día de su vida. Ella no quiso más hombres después de que muriera mi padre.
- ¿Tienen algún problema los hombres de Cabo Verde?
- Sí, ja, ja, ja... , que son muy machistas, debe ser el calor. ¿Aquí cómo son?
- Se van civilizando.
- Los nuestros también, pero el caboverdiano tiene la mala costumbre de prometértelo todo y, cuando sale el sol, ya se ha olvidado. Pero hoy las jóvenes están más en su lugar y quieren igualdad, ellas cambiarán la mentalidad de los hombres.
- Es curiosa su falta de romanticismo, todas sus canciones son de amor.
- Lo que canto no es mi sufrimiento, es de las personas que escribieron esa música.
- ¿Usted qué valora?
- A mí me gusta vivir con lo alegre y con lo triste. Pero no tengo tristezas muy profundas. Ocurren circunstancias que te entristecen, pero son sólo eso: circunstancias.
- Pues dicen que una depresión la retiró de los escenarios durante diez años.
- Quise parar, quedarme en casa con mi madre. Todavía no había salido de mi pueblecito, cantar me daba poco y vivíamos tranquilas con lo que enviaban mis hermanos.
- Fuma mucho, ¿dónde cogió tanto vicio?
- Las personas que cantan en los bares deben aprender a beber y a fumar.
- ¿Llegó a ser dependiente del alcohol?
- Bebía la parte que me tocaba.
- ¿. ..?
- Bebía cuando cantaba y en el 94 lo dejé.
- ¿Qué quiere usted?
- Salud hasta mi último día. Ustedes quieren más.
- Sí, salud, dinero y amor.
- Del amor ya le he contado, y en cuanto al dinero me gusta el necesario para vivir bien.
- ¿Qué es lo más bonito que le han dicho?
- Lo más bonito es lo que me gusta.
- Bonita respuesta.
- Yo vivo y observo. Fíjese en esa planta, parece caña de azúcar, me gusta. Ahí donde miro hay cosas que me gustan.