"Dormí sobre la obra póstuma de mi madre"
Victor-M. AMELA l Barcelona
-Tengo 76 años. Nací en París. Soy documentalista, y vivo en Toulouse. Tengo tres hijos, y nietos. Soy de extrema izquierda, y soy atea. Soy de familia judía, y mis padres fueron deportados a Auschwitz en 1942 y asesinados. Yo pude salvar la última novela de mi madre, Suite francesa,inédita, que ahora quiero que vea la luz
-¿Qué cuenta Suite francesa?
- Retrata con cruda y fría lucidez la abulia de la Francia entregada a los nazis, la aborrecible cobardía de la mayoría de los franceses ante la humillación, ante las persecuciones...
- ¿Las persecuciones de judíos?
- Sí. El gobierno francés del general Pétain, colaboracionista con los nazis, aprobó en 1940 una ley que arrebataba sus derechos a los judíos en Francia.
- Y sus padres eran judíos.
- Sí. Mi madre, Irène Nemirovsky, había llegado a París con 16 años, en 1919, hija un banquero judío ruso, huyendo de la revolución bolchevique... Y por no huir ella de Francia la mataron.
- ¿Quién la mató?
- Los gendarmes franceses la detienen el 13 de julio de 1942, el gobierno francés la interna en el campo de Pithiviers, al día siguiente la deportan a Auschwitz... y allí la gasean los nazis el 17 de agosto.
- ¿Nadie hizo nada por impedirlo?
- Mi padre, Michel Epstein, también judío, escribió una carta al general Pétain ofreciéndose a cambiarse por mi madre, que era una escritora conocida, que estaba enferma... Pobre papá...
- ¿No le hicieron caso?
- Sólo logró que en octubre le deportasen a él. Fue ejecutado al llegar a Auschwitz, el 6 de noviembre.
- ¿Y qué pasó con usted?
- Yo tenía 13 años. Y mi hermana, Elisabeth, 5 años. A los pocos días de quedar huérfanas... los gendarmes vinieron a por nosotras.
- ¿Para entregar a dos niñas a los nazis?
- Nuestro gobierno decía que lo hacía "por caridad cristiana, por no separar a las familias"...
- Oh, qué gran corazón...
- Vinieron a buscarnos a la escuela, pero nuestra maestra nos ocultó tras un mueble. Luego nuestra tutora, Julie Dumot, nos descosió las estrellas amarillas de la ropa y...
- ¿Estrellas de David?
- Sí, la ley que antes le mencioné nos obligaba a los judíos a llevarlas.
- Su maestra y su tutora sí fueron valientes...
- Sí, hubo personas que nos ayudaron: la calidad compensó la cantidad... Y mi madre fue muy lúcida: previendo lo que pasaría, legó todo a nuestra tutora para que cuidase de nosotras cuando ella faltase... Total, que cogimos una maleta y huimos.
- ¿Adónde?
- Primero, a un internado de monjas católicas. Pero los gendarmes dieron con nuestra pista..., y huimos a unos sótanos en Burdeos. Siempre de un refugio a otro... Y siempre con la maleta a cuestas.
- ¿Qué llevaban en la maleta?
- Cuatro cosas, entre ellas algunas muy queridas por mi madre, como su cuaderno de tapas marrones. ¡Era lo que me quedaba de ella! Ymás de una noche, en aquellos sótanos, su cuaderno me sirvió de almohada...
- ¿Había escrito algo su madre en ese cuaderno?
- Sí, lo que había escrito durante los últimos meses. ¡Escribió hasta el día antes de su detención! Cada mañana salía de casa, se internaba en el bosque y escribía con frenesí... En la primera línea escribió: "El objetivo es largo y el tiempo, corto". ¡Ella sabía que era su obra póstuma!
- ¿Leyó usted el cuaderno en cuanto pudo?
- ¡No, no...! Me sentía incapaz de hacerlo: era demasiado doloroso para mí... Durante 60 años evité leerlo. Hasta que cierto día padecí una inundación en casa y el cuaderno estuvo a punto de estropearse. Decidí armarme de valor y transcribirlo...
- ¿Y?
- Lloré mucho..., y quedé maravillada. Contra lo que yo creía, aquello no era un diario, no eran notas... ¡era una novela deslumbrante, ambiciosa, tremenda!
- Suite francesa.
- Así la tituló, sí. Comprendí que no podía ocultarla, que debía publicarla.
- ¿Qué reacción han tenido los franceses al leerla?
- ¡De agradecimiento! Es allí un éxito tan, tan grande... Creo que Francia se libera de un peso en su alma, de una culpa, y lo agradece. Con esta novela, Francia restituye la memoria, homenajea a la verdad...
- Una verdad dura...
- Pero Francia ha entendido que es una verdad necesaria: para no olvidar los errores y para no repetirlos.
- ¿Hubiese podido publicarse en 1945?
- No. Hubiese incomodado a demasiada gente, autoridades, intelectuales...: las editoriales se arianizaron y, por judía, le prohibieron publicar, le dieron la espalda los que antes de la guerra la habían aplaudido...
- Debió de sufrir mucho, su madre...
- Sí, ¡pero era muy, muy fuerte! Ella sabía de abandonos: su padre, siempre volcado en sus negocios, y su madre, Fanny, en sus amantes..., ¡nunca le hicieron caso! Siempre se sintió rechazada por su madre. Escribir fue lo que la salvó y la forjó.
-¿Qué es lo último que recuerda de su madre el día en que se la llevaron?
- Fuerte como siempre, mi madre me dijo: "Me voy de viaje. Cuida de Elisabeth y de papá". Y me abrazó y musitó: "Hasta pronto, Denise".
- ¿Y qué siente usted hoy, hablando de ella?
- Que mi madre, que fue la mayor escritora francesa en los años treinta, vuelve a serlo ahora, a comienzos del siglo XXI. Mi madre deja ahora de ser una víctima para ser lo que es: ¡la primera escritora de Francia!