| El X
foro de filósofas hace audibles discursos distintos de los 'ya
gastados y repetidos'
MARTA COSTA-PAU | Barcelona
Las mujeres han logrado en las sociedades desarrolladas un cierto grado
de emancipación y promoción social y están copando
cada vez más cotas de poder.
Sin embargo, esto no ha sido suficiente para que las voces femeninas hayan
dejado de ser silenciadas. Hacer audibles los discursos de las mujeres
es el objetivo del X Simposio de la Organización Internacional
de Mujeres Filósofas, que empezó ayer en Barcelona. Más
de 150 mujeres sabias de varias partes del mundo han sido convocadas para
intercambiar ideas a partir de un eje temático vertebrador: la
libertad.
'La pasión por la libertad', el lema del simposio, es el punto
de partida para estimular el debate y la reflexión sobre asuntos
tan diversos como la globalización, el feminismo, la justicia,
la violencia y la literatura.
Mujeres procedentes de distintos ámbitos, que tienen en común
el hecho de valerse del pensamiento para ejercer sus profesiones, abordarán
estas cuestiones hasta el próximo sábado.
En el mundo se están produciendo fenómenos nuevos y cambiantes,
pero sólo escuchamos discursos gastados y repetidos. Nosotras las
mujeres tenemos cosas nuevas que decir, pero a menudo nuestra voz no se
escucha', lamentó ayer Fina Birulés, profesora de la Universidad
de Barcelona y organizadora del encuentro. 'Tenemos hambre de palabras
con sentido, estamos cansadas de palabras vacías', agregó.
La participación lograda en el simposio -más de 150 personas,
de las que sólo media decena son hombres- demuestra, según
Birulés, que 'existe entre las mujeres una necesidad real de hacer
audibles sus discursos'.
La voz de Victòria Camps, catedrática de Ética de
la Universidad Autónoma de Barcelona, fue la primera en escucharse
ayer tras la apertura del simposio a cargo de Birulés. Camps, que
habló de la autoestima como condición para lograr la libertad,
subrayó la necesidad de que la persona 'se forje una identidad
individual (diferenciada del grupo) para conseguir esta valoración
de uno mismo'. Según Camps, asociarse, aliarse con un grupo (por
ejemplo, una asociación de mujeres, de inmigrantes o un sindicato)
es bueno para reclamar unos derechos, pero 'es necesario un cierto distanciamiento
de las identidades colectivas' para conseguir la autoestima y la libertad,
que no es más que capacidad para autogobernarse, elegir la forma
de vida que uno quiere y llevarla a cabo.
Las palabras de la catedrática de Ética tuvieron su réplica
en los pasillos del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona,
donde se celebra la cumbre. La escritora y psiquiatra egipcia Nawal Al-Saadawi,
que debe intervenir el próximo sábado antes de la presentación
de las conclusiones, criticó con dureza la diferenciación
entre la autoestima colectiva y la individual. 'En mi país, y en
el mundo árabe, no diferenciamos entre la propia estima y la colectiva.
Un discurso así es cerrado y excluyente', sentenció. La
escritora echó en falta en el discurso de apertura una alusión
al conflicto entre Estados Unidos e Irak. 'Cuando [el presidente norteamericano
Georges W.] Bush habla de su poder, nuestro pueblo pierde toda la autoestima',
dijo con indignación.
También críticas con el discurso bélico del presidente
de EE UU fueron las representantes del feminismo italiano de la diferencia
que intervinieron en la sesión de ayer, entre ellas Luisa Muraro
e Ida Dominijanni.
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