A la hora de definir el papel que la mujer gitana debe tener en el futuro se produce un choque frontal entre juventud y tradición

Javier RICOU l Lleida

Más del treinta por ciento de las mujeres gitanas no sabe leer ni escribir y el ochenta por ciento que tiene oportunidad de estudiar no suele acabar los estudios primarios. El dato revela el largo camino que aún le queda por recorrer al colectivo femenino de esta etnia para integrarse plenamente en la sociedad. Un paso muy importante para lograr este objetivo se acaba de dar en Lleida, escenario de unas jornadas en las que se ha debatido sobre el futuro que aguarda a la mujer gitana del siglo XXI.

Al igual que ocurrió en Barcelona con el congreso de mujeres musulmanas, en el que dejaron entrever su vena más feminista, en la cultura gitana también se respiran tiempos de cambio. Sin embargo, a la hora de definir el papel que debe desempeñar la mujer moderna de esta etnia hay un choque frontal entre juventud y tradición.

Las mujeres más jóvenes apuestan por la educación y la integración en el mercado laboral, mientras que las más mayores y las ancianas creen que la mujer gitana debe seguir como hasta ahora, lo que implica que su papel en esta vida no es otro que el de casarse, cuanto más joven mejor (nunca con payos), tener muchos hijos y cuidar de su familia.

El choque generacional en una cultura con valores tan fuertes como ésta se apunta, ahora mismo, como la principal barrera para que las jóvenes gitanas puedan integrarse en la sociedad de los payos. Aunque algo estará cambiando, cuando desde las agrupaciones y asociaciones gitanas - siempre dirigidas por hombres- se ha abierto la puerta a las mujeres para que debatan abiertamente sobre el futuro que quieren.

"Lo que le pasa a la joven gitana es que se casa muy joven y tiene hijos enseguida, por lo que ya no tiene tiempo para estudiar", afirma Núria Jiménez, vecina de Barcelona y una de las asistentes a las jornadas celebradas en Lleida. "Y a mí ya me parece bien, porque si la gitana espera a casarse a los treinta años, en vez de a los dieciocho, ya no encuentra a nadie. Los gitanos las quieren jóvenes", añade esta mujer, de casi 80 años, representativa de la faceta más tradicional de la cultura gitana.

Aunque lo que de verdad preocupa a Núria Jiménez - al margen de si la gitana se casa más joven o más vieja- es que las niñas tengan que estudiar en aulas con alumnos del sexo opuesto. "Hasta que no tengamos escuelas sólo para niñas gitanas, éstas no van a estudiar. Y es que el riesgo, al estar todos mezclados, es que las gitanas se casen con payos y eso sería fatal", sentencia la mujer.

Yolanda Salazar, gitana de 38 años y licenciada en Derecho, admite que lo que explica Núria "puede sonar muy fuerte" en el siglo XXI. Aunque esta abogada precisa que esta opinión es comprensible en una cultura con unas tradiciones que son muy férreas en lo que respecta a la familia y en la que hacen falta muchas campañas de concienciación para convencer a los padres de que la educación de sus hijas es una pieza clave para que las mujeres puedan ocupar el lugar que se merecen en esta sociedad.

Núria Jiménez revela que su familia sacó de la escuela a una de sus nietas, al cumplir 12 años, para apartarla de sus compañeros de clase. Otro gitano de Lleida confiesa que él hizo lo mismo con sus hijas por la presión que tuvo en su entorno. "Cuando estas niñas empiezan a ser mujercitas sus familias las apartan enseguida del ambiente escolar", corrobora Visitación Martínez, socióloga y que trabaja desde hace más de dos décadas con el colectivo gitano.

Jornadas como la celebrada en Lleida buscan, precisamente, romper poco a poco con esos miedos del sector más tradicional. "El asunto de los estudios, en el caso de las niñas, no puede estar peor", afirma Paco Salazar, presidente de la Asociación Gitana Futur. "La apuesta que nos hemos marcado es romper con esos temores, porque la mujer gitana no puede seguir como está y debe estudiar si quiere ser algo en esta sociedad". Aunque Salazar matiza que todo esto debe hacerse, sin embargo, muy despacio "para que no sea un desmadre, pues lo peor que nos podría pasar es que perdiésemos nuestros valores familiares como les ha ocurrido a los payos". Carme Hernández, asistente social y colaboradora de la Asociación Futur, asegura que la gitana joven ya no quiere quedarse en casa, ni trabajar en los mercadillos. "Ella quiere ocupar un lugar en esta sociedad, pero para eso hace falta que la dejen estudiar". El problema de opiniones como la de Nuria Jiménez es que estos planteamientos tienen mucho peso en la cultura gitana, "ya que se respeta mucho a las personas mayores y su opinión se tiene siempre en cuenta", añade Carme Hernández.

Emilia Clavería, presidenta de la asociación Drom Kotar Mes Tipen, afirma, por su parte, que ya era hora de que la mujer gitana tuviese voz y protagonismo en unas jornadas como las celebradas en Lleida. Clavería no tiene duda de que la joven gitana está muy capacitada para desarrollar cualquier trabajo (de hecho, de cada diez personas de esta etnia que llegan a la universidad, ocho son mujeres) y aboga por romper las actitudes machistas en este colectivo, que tampoco cree - matiza- que sean mucho más acentuadas que en el mundo payo. No opina lo mismo Yolanda Salazar, quien asegura que en la cultura gitana aún no se ha empezado a trabajar para acabar con los comportamientos machistas.

Las jornadas de Lleida son un primer paso y ahora las mujeres gitanas ya están pensando en celebrar un congreso para defender sus derechos.