Entrevista a Noemí Dubón, extrabajadora de Maquilas
IMMA SANCHÍS l Barcelona
Tengo 32 años. Nací en Copán (Honduras) y vivo en San Pedro Sula. Estoy casada y tengo dos hijos de 15 y 8 años. Soy de izquierdas y católica.
Coordino un colectivo en defensa de los derechos de las mujeres hondureñas llamado Codemuh. He venido invitada por Intermón-Oxfam para explicar qué significa trabajar en una maquila.
¿Qué es una maquila?
-Una fábrica de ropa en la que básicamente trabajan mujeres. El producto viene cortado, las mujeres lo confeccionan y luego se exporta.
-¿Cuál es su jornada laboral?
-En teoría ocho horas, pero las horas extra se exigen por cumplimiento de pedidos.
-¿Y si no quieres hacer horas extra?
-Son obligatorias. Trabajamos un mínimo de 14 horas diarias y, a menudo, toda la noche.
-¿Cuál es la edad de las trabajadoras?
-A partir de los 15 años.
-Eso es ilegal.
-Por eso utilizan papeles prestados. En las maquilas ya no aceptan a menores que, aunque pueden trabajar con un permiso del Gobierno por pobreza familiar, no pueden hacerlo más de seis horas diarias.
-Usted, ¿a qué edad entró a trabajar en una maquila?
-A los 18 años, se llamaba Intermoda y era de capital árabe. Yo ya tenía un niño de dos años. Me casé con 16 años.
-¿Cómo se le ocurre casarse a los 16 años?
-Me quedé embarazada. Fue mi falta de madurez. Mi novio era mayor y me convenció de que tuviéramos relaciones. Al cabo de dos años me separé,
porque él iba con otras mujeres, y volví a las maquilas.
-¿En qué consistía su trabajo?
-Era obrera, trabajaba once horas diarias sábados incluidos y tres veces al mes 24 horas seguidas, de 7 de la mañana a 7 de la mañana. Mi meta de producción era de 120%.
-¿Cómo la estipulan?
-Miden la capacidad de producción con un cronómetro y te exigen las puntas más altas. Pero no tienen en cuenta que necesitas ir al lavabo, beber agua y comer. Ese tiempo no lo promedian.
-¿Y cómo lo hacía?
-Entraba una hora antes para adelantar trabajo, sólo iba al baño una o dos veces en once horas y almorzaba en 15 minutos. Si por la tarde no había cumplido me quedaba más rato por la noche.
-Con trabajadoras como usted nos salen muy baratitas las camisas.
-Si no cumples la meta te despiden.
-¿Qué le pagaban?
-Unos doce dólares a la semana. Actualmente se están pagando 32 dólares. Al cabo de dos años conseguí otro trabajo como auditora de calidad en una
fábrica de capital norteamericano llamada Spring Town.
-¿Mejor que los árabes?
-Mi sueldo mejoró, pero tenía que recorrer diariamente cuatro fábricas, no tenía horario de salida, trabajaba los sábados y, a menudo, los domingos. Mis jornadas eran de 6 de la mañana a 9 de la noche.
-¿Consiguió subir de categoría?
-Sí, pero tuve problemas al intentar proteger a las trabajadoras que estaban a mi cargo de algunos abusos que veía en las fábricas.
-¿Qué tipo de abusos?
-Pude ver a mujeres embarazadas realizando trabajos manuales de pie todo el día o a mujeres que nunca se levantaban de su puesto de trabajo ni siquiera para beber agua. Ninguna de las fábricas que visité cumplía las normativas.
-¿Y cuál era el resultado?
-Falta de higiene, baños sucísimos, insuficientes o sin agua y, en muchos casos, cerrados bajo llave, de la que sólo disponía el supervisor. Y la música era insoportable.
-¿Música?
-Sí, ponen música movida a todo volumen para tener a las obreras aceleradas y que no hablen entre ellas. Después de seis años y medio dejé el trabajo, los problemas con el jefe del departamento de calidad iban en aumento.
-¿Por qué?
-Me castigaba sin sueldo por tratar con cordialidad al personal a mi cargo. En el 2002 conseguí un trabajo en una compañía coreana, pero sólo duré un mes y medio.
-¿Qué pasó?
-No soporté ver tanta injusticia y malos tratos. Las mujeres trabajan toda la noche sin descanso, ¡pero no se quejaban!, preferían pasar
la noche allí.
-¿Por qué?
-Desplazarse a altas horas a sus casas era peligroso. Constantemente les amonestaban castigándolas sin sueldo, y el ambiente en las maquilas no es apto para estar tanto tiempo, hay mucho ruido y, además, ¿quién cuida a los niños? Recuerdo una ocasión en la que le di permiso a una obrera para que fuera a comprar medicamentos y el gerente de producción rompió mi permiso.
-Vaya, que no era usted una buena jefa.
-"¡Usted debe estar con la cabeza muy alta y de brazos cruzados exigiendo a la gente que cumpla! ¡Cuando baja la cabeza parece una vaca!", me decía mi jefe cuando intentaba ayudar a una trabajadora. Repita conmigo, me insistía: "¡A mí no me importan sus hijos, aquí se viene a trabajar!" -¿Renunció?
-Sí, me fui como voluntaria a trabajar con la Colectiva de Mujeres Hondureñas, para dar educación a las obreras y defender sus derechos. Ahora formo parte del equipo de Codemuh, una organización que se dedica a defender los derechos de las mujeres.
-¿Qué intentan corregir?
-Luchamos para que les den sus prestaciones cuando dejan el trabajo. Para que la comida de las cafeterías no sea basura. No hay extractores de polvo, el tamo de las telas impregna el ambiente y las trabajadoras enferman. No se respeta la baja maternal, ni la hora de lactancia y si alguna intenta montar un sindicato, es inmediatamente despedida.