La mitad de las mujeres que atienden a personas dependientes sufren depresión, estrés o ansiedad
Celeste LÓPEZ l Madrid
Hay enfermedades que son más o menos llevaderas, pero ésta es difícilmente llevadera. Destroza no sólo a quien la padece sino también a quien está con él. Y no sólo físicamente, sino mentalmente". Lucía Gil, de 63 años, lleva 15 cuidando de su marido, enfermo de alzheimer, sola, por decisión propia. "Quiero que mis dos hijos puedan vivir sus vidas y dedicarse a las familias que han creado. Esto tengo que llevarlo yo. Es la única manera de que esta enfermedad, al menos, no destruya también la vida de mis hijos y mis nietos (dos y un tercero en camino)".
Desde que a su marido le diagnosticaron alzheimer, Lucía tuvo que dejar en manos de su hijo el negocio familiar que regentaban para dedicarse por completo a él. De eso, hace ya diez años, y desde entonces ha ido asumiendo más y más trabajo, a medida que su marido iba perdiendo facultades físicas y mentales. Años levantándole y acostándole varias veces al día, aseándole, llevándole en silla de ruedas, dándole de comer... han pasado factura. El cuerpo de Lucía se resiente. La osteoporosis hace cada día más mella en ella, mientras que la espalda se queja cada dos por tres de los esfuerzos realizados. "Pero lo peor son los nervios, los tengo destrozados", explica Lucía desde su casa de Alcalá de Henares (Madrid). Admite que lleva años tomando tranquilizantes y que necesita pastillas para dormir. Y la permanente necesidad de llorar constantemente. "Es que esto es muy duro", señala con los ojos enrojecidos.
Lucía es una de las centenares de miles de mujeres que soportan casi en solitario sobre sus espaldas los cuidados de familiares dependientes ante el vacío asistencial existente en la sociedad. Unos cuidados que en el 80% de los casos recae en mujeres sencillamente por una cuestión de sexo, dedicando según distintos estudios unos 9 millones de horas al año, lo que equivaldría a 5,2 millones de empleos, según un estudio de Comisiones Obreras.
Nada es gratuito. La salud de estas mujeres, con una media de 53 años, se ha deteriorado al mismo tiempo que el de las personas que cuidan. Al menos, así lo reconoce casi un tercio de las cuidadoras. Un estudio realizado por la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía pone de manifiesto que el 61% de las mujeres que atiende a personas dependientes sufre dolor de espalda derivado del cuidado diario y un 57% presenta dolores articulares. Además, un 23% presenta depresión y la mitad sufre estrés. El 13% reconoce que desde que se encargan del familiar dependiente han tenido que ponerse en tratamiento médico, principalmente, por problemas mentales.
Estudios científicos ponen de manifiesto que las mujeres tienen unas tasas más elevadas de alteraciones psiquiátricas que los varones. Así, la incidencia de los trastornos mentales en las féminas es de un 6% frente al 3% de los varones, aunque en el caso de las cuidadoras la prevalencia de la ansiedad y la depresión se sitúa en el 50,4%.
La sobrecarga de trabajo y emocional que sufren estas mujeres explica en parte estos trastornos, así como al climaterio, que favorece las alteraciones psicológicas que repercuten en su calidad de vida. El impacto en la salud mental del papel de cuidadora, sin embargo, podría tener sus días contados. Las nuevas generaciones luchan por eliminar un papel impuesto por tradición.