Los hombres que maltratan a las mujeres tienen baja
autoestima
LLUÍS SIERRA l Barcelona
Ofrecer al hombre que maltrata a su pareja una asistencia terapéutica
da buen resultado, aunque no sea siempre. El que se hayan logrado ya algunas
rehabilitaciones, sin embargo, abre una luz de esperanza con miras a la superación
de esta lacra: el 70% de los hombres que han sido tratados por los psicólogos
del Institut de Reinserció Social (Ires) en Girona y Barcelona han dejado
de agredir a sus parejas.
Estos datos han de tomarse con un cierto optimismo, pero también con
prudencia. Hasta ahora, se han tratado 160 casos. Toni Vives, psicólogo
del Servei d'Atenció a Homes Maltractadors que el Ires abrió en
Girona en 1998, recuerda que "hace cinco años esto se veía
como utopía y podemos decir que, de utopía, nada".
Los casos con fracaso total o parcial se dividen en dos: en el 14% de los casos,
la violencia física sigue o sólo disminuye. En el 16%, desparece
la violencia física, pero se incrementa la violencia psicológica
sobre la mujer. Este programa empezó a aplicarse en Girona en 1998, mientras
que en Barcelona se desarrolla desde el 2000, con subvenciones concedidas por
el Ministerio de Asuntos Sociales y la Conselleria de Benestar i Família.
Los maltratadores llegan a los programas del Ires en principio voluntariamente
y, en la gran mayoría de los casos, presionados por la propia pareja
que sufre su violencia, que lo plantea como un ultimátum: "O te
tratas o te dejo". Tras esta advertencia, ya sea a través de los
Mossos d'Esquadra, de los servicios sociales o, en su caso, del centro penitenciario
donde cumplen condena, acaban contactando con el Ires. "Vienen con una
motivación principal: salvar la pareja", explica Heinrich Geldschläger,
el psicólogo del programa en Barcelona. "Por la mera conciencia
de tener un problema vienen pocos", precisa.
El tratamiento es individualizado, con entrevistas semanales, y uno de los primeros
objetivos es enfrentar al maltratador con su problema y que se responsabilice
de sus acciones. "No es una enfermedad -aclara Geldchläger- es un
conducta intolerable. No hay que buscarle excusas a lo que hace (el que maltrata)."
Se intenta, así, que se ponga en el papel de la mujer y de los hijos
-si los hay- y "deshacer los discursos justificadores de la violencia",
discursos preñados generalmente de valores machistas, de superioridad
sobre la mujer. Hay casos, explica Geldschläger, en que el hombre se justifica
en el consumo abusivo del alcohol e incluso el estrés en su trabajo:
"Pero curiosamente pegan a la mujer, no al jefe que les explota. Tienen
un control de sus acciones, pero es un control selectivo; se controlan con su
jefe, no cuando llegan a casa".
Lo que aparece como una constante es que el maltratador ha tenido una
relación directa o indirecta con la violencia doméstica en su
familia. Un
maltratador, según los psicólogos, suele tener una baja autoestima
al no
cumplir con las expectativas que cree que se tienen de él: ser el hombre
de
la casa, llevar suficiente dinero, ser fuerte... y compensa esa falta de
autoestima agrediendo a la pareja.
Admitido esto por el "paciente", se intenta que reconozca los avisos
en su
comportamiento, que se dé cuenta, en una discusión o en una situación
similar, de que está a punto de volver a maltratar "y que salga
de casa".
Ese es un gran paso, al que sigue el análisis, junto con el psicólogo,
de
los episodios en que ejerce la violencia, para que aprenda a reconocer el
momento de intentar tranquilizarse o marcharse de casa hasta que se calme.
Después se trata de seguir un trabajo psicológico más o
menos largo según
los casos, entrenándose para reconocer sus emociones y actuar en
consecuencia. En el seguimiento del hombre tiene una importancia capital la
evaluación que hace la pareja, pero en muy pocos casos se plantea la
sesión
conjunta con el psicólogo. Quienes no han abandonado el programa han
estado
entre 5 y 18 meses manteniendo las entrevistas con estos especialistas.
En base a los casos tratados por el Ires, puede concluirse que dejar la
violencia física es relativamente fácil, pero en muchas ocasiones
permanece
o se incrementa la psicológica. Los psicólogos del Ires tienen
claro que su
objetivo "no es salvar parejas". Muchas veces, la mejor opción
para la mujer
es la separación e intentar rehacer su vida. El hombre, si no cambia,
puede
repetir la violencia con una nueva pareja.