Ninguna mujer puede ser obligada a elegir entre su carrera o sus hijos
LLUÍS AMIGUET l Barcelona
Janne Haaland Matlary. Tengo 43 años: soy más feliz ahora
que a los 20. Nací en Mandal, Noruega. Casada: he tenido cuatro hijos
en seis años. Fui viceministra de Exteriores hasta hace año y
medio. Soy la responsable de dar un destino ético a los cien mil millones
de euros del Fondo del Petróleo Noruego. Soy catedrática de Relaciones
Internacionales. Soy católica y explico por qué en “El amor
escondido” (Belacqua). Soy neofeminista: ni competir con ellos ni ser
igual, porque en muchas cosas somos mejores.
“He defendido inversiones en energías renovables y ¿por
qué no? en iniciativas de microcrédito y desarrollo en África”
“Ahora soy la responsable de las directrices éticas para decidir
dónde invertir el fondo del petróleo: cien mil millones de euros”
“¿Tener a los hijos en casa hasta los 40? ¡Ah, no, no! En
Noruega los padres dejan de mantener a sus hijos cuando cumplen los 18 años”
“En Noruega, son la izquierda y los movimientos alternativos más
avanzados quienes defienden el derecho a más de tres hijos”
“Decir que podemos reemplazar a nuestros hijos por inmigrantes es reaccionario
y retrógrado. Tener hijos es un derecho humano”
Se puede subir el índice de natalidad de un país sólo
con subvenciones a la familia?
Si en Escandinavia tenemos una tasa de natalidad mucho más alta que la
española es porque damos subvenciones a la familia. Eso está claro.
Pero si alguien quiere o no tener hijos, los tiene o no los tiene con
o sin ayudas del Estado...
Ese no es el planteamiento. Lo importante es que tener hijos es un
derecho humano tan irrenunciable como el derecho al trabajo y la sociedad debe
garantizar ambos. Tiene que poner los medios para que esos derechos sean realizables.
Eso que vaya por delante: ninguna mujer puede ser obligada a elegir entre su
carrera o sus hijos. Son dos derechos compatibles que se pueden ejercer siempre.
Comprendido, pero una cosa es el derecho y otra el hecho... económico.
El principal problema para las parejas jóvenes que quieren tener hijos
hoy es que no tienen bastante dinero para mantenerlos y esa angustia y esa inseguridad
les disuade de la paternidad. Si se les garantiza un mínimo, sin duda
subirá la natalidad en España como en Escandinavia.
Pero no sólo es dinero, ¿no?
Facilidades en general. Por ejemplo, en Noruega la ley garantiza un año
de baja con sueldo tanto a la madre como al padre...
¿Al padre también?
Pues claro. No todo el trabajo lo debe hacer la madre. Pero al mismo tiempo,
el Estado obliga al padre a coger por lo menos dos meses de baja por paternidad.
Ese carácter obligatorio de la baja paterna es muy importante porque
obliga al empresario a respetar esos plazos.
¿Y después?
Mientras el niño es menor de tres años si uno de los padres quiere
quedarse en casa, tiene el derecho de percibir un subsidio de 700 euros mensuales
por hijo. Pero incluso es más importante la garantía por ley de
su puesto de trabajo durante esos tres años.
Imagino que cada vez les costará más mantener esos privilegios.
¿Privilegios? Le recuerdo que son la garantía de un derecho humano.
A veces ser muy garantista tiene un efecto contraproducente...
¿Qué quiere decir?
Para evitarse esos costes, los empresarios pueden tener la tentación
de no emplear posibles mamás.
Eso es cierto. Hoy se presiona a las mujeres para que no se queden embarazadas
o que no tengan tantos hijos. Quizás sea tolerado, aunque es ilegal.
Pero además de los límites empresariales, están los que
marca la propia ambición, aunque sea una ambición muy sana. Por
ejemplo, si eres abogada y quieres montar tu propio bufete, no puedes pedirte
la baja por maternidad, quizás una vez sí, pero no dos veces.
De modo que la presión del rearme capitalista que vivimos está
presente incluso en el sistema noruego, como sabe uno de los más avanzados
del mundo en este terreno.
Hay mamás empleadas que tienen más facilidades que otras...
Sí. Por ejemplo, en la Administración y el sector público,
bajo escrutinio continuo de la opinión pública, todas esas garantías
y subvenciones se obtienen y defienden. Pero si trabajas en una empresa privada,
las posibilidades se reducen o, acogotada por la posibilidad de perder tu empleo
o tu carrera, las reduces tú misma.
En Catalunya y España las tasas de natalidad están entre
las más bajas del planeta... pero muchos políticos nos dicen que
nuestra población se reemplazará con emigrantes.
Ese es un planteamiento económico miope, reduccionista y que sólo
defienden el gran capital y sus multinacionales y las instituciones y los políticos
que les sirven.
¿Cómo?
Sí. Eso de reemplazar nuestros hijos por inmigrantes es reaccionario
y retrógrado. Ese es el tipo de lenguaje que he oído alguna vez
a los ministros del Ecofin, los de los países de la Unión Europea
cuando discuten la caída demográfica: “¿No hay natalidad?
‘No problem’, sustituimos los no nacidos por inmigrantes y punto”.
Al capital le da igual que la mano de obra sean nuestros hijos o inmigrantes
siempre que los salarios sean bajos.
Claro: ese es su planteamiento. Pero no podemos consentir que también
sea el nuestro, porque al hacerlo se olvidan del derecho de los ciudadanos europeos
a tener hijos si los quieren.
Siempre que puedan...
Es que si admitimos que podemos renunciar a nuestros propios hijos porque ya
vendrán inmigrantes a pagarnos las pensiones, estamos viviendo tan sólo
para que la máquina económica siga produciendo. Y yo creo en algo
más. Yo creo que vivimos para ser felices y la felicidad incluye ver
a tus hijos crecer.
En España durante el franquismo, el régimen defendía
la natalidad porque daba manos para el trabajo y soldados para la patria...
Pues mire, en Noruega, son la izquierda y los movimientos alternativos más
ilustrados y avanzados quienes defienden el derecho a tener más de tres
hijos.
¿Por qué?
Porque, para estos ciudadanos, la familia y la tasa demográfica no es
un factor más en el cálculo de costes laborales como para la patronal.
Los ciudadanos más conscientes saben que tener hijos es parte de su realización
como personas y no es algo que pueda ser decidido por el mercado de trabajo.
Y usted, ¿qué ha defendido en su partido y en el Gobierno?
La principal beneficiaria de las ayudas y apoyos debe ser la mujer porque es
la más discriminada; por eso creo que cualquier mujer europea que sea
despedida o simplemente se sienta postergada en su carrera por su condición
de madre o por su posibilidad de ser madre tiene la obligación para con
todas las mujeres de denunciar al empleador y llevarlo a los tribunales.
Eso es más fácil decirlo que hacerlo.
En Noruega ha habido cuatro casos y todos acabaron con la victoria de la demandante.
El más célebre fue el de una presentadora de informativos que
fue destituida al quedarse embarazada. Denunció a la dirección,
ganó y siguió presentando los informativos hasta casi el día
del parto.
¿Por qué no se puede presentar noticias embarazada?
Pues claro que se puede. Debemos acostumbrarnos a reconciliar el trabajo y sus
exigencias, incluso en los puestos con más demanda de dedicación
y horario, con la maternidad. ¡Ah! Me olvidaba recordarle que las guarderías
están garantizadas desde que el niño cumple un año, justo
cuando la madre acaba su permiso de maternidad.
¿Y en su caso?
Yo creo que es muy factible tener un trabajo, incluso una carrera absorbente,
y cuidar de los hijos. Yo tuve cuatro hijos en seis años. Es posible,
aunque no es fácil.
¿Y aún los tiene viviendo de usted en casa?
¡Ah, no, no! En Noruega los padres se abstienen de toda responsabilidad
económica cuando los hijos cumplen 18 años. Oí a un amigo
italiano contar un chiste sobre los jóvenes que no hay manera de echar
de casa de los padres. Dicen que esos jóvenes que no se van de casa son
como Jesucristo: “Viven con los padres hasta los 30 años y si desaparecen
a los 33 es porque ha habido un milagro”.
¿Pero adónde van a ir los jóvenes tal como está
el metro cuadrado?
En Noruega, cuando tienes 18 años y has terminado de estudiar, el Estado
te ofrece un crédito de 40.000 euros y una beca. El crédito lo
tienes que devolver.
Chicos con suerte los noruegos...
Pues yo creo que deberíamos darles más facilidades todavía
para que puedan tener dos o tres hijos cuando son jóvenes y así
podrían devolver el crédito después de los 40.
Pero ustedes los noruegos pueden porque tienen el petróleo del
mar del Norte.
Sí, pero lo más importante es repartir bien la riqueza que genera
y no sólo entre los noruegos. Y en eso estoy trabajando. Hace un par
de meses fui nombrada responsable de establecer las directrices éticas
para decidir dónde invertir el fondo del dinero estatal del petróleo...
¿Eso es mucho dinero?
Cien mil millones de euros.
¡Vaya!
Sí, es mucho dinero y para disminuir riesgos inversores, el Estado noruego
nos prohíbe tomar posiciones de gestión en ninguna empresa. Por
eso nunca llegamos al tres por ciento del capital social de ninguna empresa.
Ese inmenso capital lo repartimos en cientos de pequeñas inversiones.
El cincuenta por ciento del dinero lo colocamos en Estados Unidos y el resto,
en Europa.
Minimizar el riesgo.
Sí, pero eso nos crea problemas éticos. Es muy difícil
seguir el rastro de todas las empresas en que invertimos. La prensa descubrió
hace poco que teníamos inversiones en corporaciones con conexiones armamentísticas
e incluso con fabricantes de minas terrestres. Por eso trabajamos en este comité
junto con el Banco Central del país para fiscalizar cada euro de los
invertidos. No sólo velamos por la seguridad financiera de la inversión,
sino también por su limpieza ética.
Una labor difícil.
Sí y sin precedentes. He escrito un libro precisamente explicando la
creciente importancia de los derechos humanos como condicionante político
y este fondo inversor es otra muestra...
¿Acaso existe la inversión limpia?
El dinero en sí no es limpio ni sucio, pero le aseguro que es muy difícil
encontrar inversiones que sean éticas. Yo he defendido que tomemos posiciones
más ambiciosas en las empresas de energías renovables y ¿por
qué no? en iniciativas de microcrédito y desarrollo en África.
Pero es más complicado evitar países que no respeten derechos
humanos o multinacionales con ramificaciones que de algún modo exploten
niños, fabriquen armamento o cualquiera de esas actividades odiosas...
REBELDES CON MUCHAS CAUSAS
El empuje, la firmeza y la claridad de ideas de esta mujer han puesto en aprietos
a la puritana clase política noruega. La calidad moral de Janne Haaland,
en un país con una de las clases dirigentes menos corruptas del planeta,
la ha convertido, incluso en una sociedad obsesionada con las apariencias, en
la candidata indiscutible para decidir la conveniencia ética de las inversiones
del gigantesco fondo del petróleo estatal. Y una tras otra va desgranando
sus ideas, cargadas de esperanza, sobre qué puede hacer con 100.000 millones
de euros hoy para conseguir un mundo mejor. Del mismo modo, cuando defiende
el derecho a tener hijos o a no tenerlos como libre ejercicio de voluntad personal
frente a las imposiciones empresariales y del mercado, demuestra lo revolucionaria
que puede ser una mujer inteligente, porque con las ideas claras no hay más
partido que el de las personas y el sentido común. Janne Haaland ha sido
madre de cuatro hijos, viceministra y catedrática, pero también
ha pasado muchas horas intentando explicarse qué estamos haciendo en
este planeta y por qué estamos aquí. El resultado de estas cavilaciones
la ha convertido en una católica anticonformista, conversa y rebelde
en Noruega, una católica a contracorriente y etimológica, porque
católico quiere decir “universal” y Haaland es una europeísta
convencida frente al provincianismo aislacionista escandinavo. El relato de
su conversión “El amor escondido” (Belacqua) explica las
singulares claves de su rebeldía.