Las mujeres musulmanas entran en el mundo científico i en professiones tècnicas
MĒ ÀNGELS ROQUE*
En el cruce de miradas entre Oriente y Occidente, la mujer emerge casi siempre
como un factor clave, tanto en la configuración de los estereotipos,
como a la hora de identificar elementos de modernización. La mujer musulmana
se enfrenta a un doble reto: romper los mitos orientalistas y ganar espacios
de libertad desde su identiLa actualidad internacional nos lleva constantemente
a volver la mirada hacia el Islam, y cuando del plano político pasamos
al sociocultural el primer elemento distintivo con que solemos encontrarnos
es el tema de la condición femenina.
¿Hasta qué punto la situación de la mujer delata serios
condicionantes culturales? ¿Y hasta qué punto es su avance el
que mejor define su factor de progreso? Este es el tema central que abordaré
a continuación.
Cuando hablamos de países árabes, normalmente incorporamos a otros
países que no lo son, como Turquía, Irán o Pakistán,
o que lo son poco, como los del Magreb, que son más bereberes que árabes,
porque el peso cultural del islam es muy importante y también sus secuelas
jurídicas. También es cierto que el peso del patriarcado en el
Mediterráneo tiene una larga sombra y que no es suficiente conseguir
la igualdad jurídica, ya que los procesos de cambio resultan mucho más
lentos en los sectores tradicionales.
No obstante, en el último informe de la Unesco sobre el desarrollo humano
(2002) se manifiesta que, si bien las reformas democráticas han sido
relativamente modestas en los países árabes, en los que persiste
la tendencia generalizada de una alta desigualdad de género, sin embargo
se da un hecho sorprendente: todos los países de los que se dispone de
datos están en camino de conseguir el objetivo de matriculación
en educación primaria y mejora la educación secundaria. Túnez
lo ha conseguido completamente y Argelia está en un 81% de escolarización
de niñas entre los 6 y los 14 años.
Es cierto que hay diferencias entre las zonas urbanas y rurales, especialmente
en Marruecos, y que el 50% de las jóvenes son excluidas de la escuela
a partir de los 14 años. Sin embargo, estos conocimientos escolares les
permiten leer revistas y comprender los documentales de la radio y de la televisión
en los que se habla de su identidad como mujeres. Esto también les pasa
a los chicos, lo cual permite que se alejen del ámbito familiar en busca
de trabajo, con lo que se crea un mayor número de familias nucleares,
menos endogámicas y por lo tanto con un menor peso de la tradición.
Por otro lado, existe una relación clara entre los años de escolarización
de las mujeres y el descenso de la natalidad; también influye la adecuación
económica y laboral, por supuesto, pero los datos son contundentes especialmente
en los países del Magreb, donde se retarda considerablemente la edad
del matrimonio y donde nos encontramos con tasas de natalidad correspondientes
al 2000 de 2,89 en Marruecos, 2,05 en Túnez y 2,77 en Argelia, cuando
hace treinta años era, en este último país, de 7,8.
Fatema Mernissi, en la conferencia introductoria al seminario "Mujer y
ciudadanía en el Mediterráneo" realizado recientemente en
el Institut Europeu de la Mediterrània, comentaba que si definimos como
"islam digital" todos los productos informativos que llegan a los
consumidores de los países islámicos vía satélite,
podemos afirmar que las mujeres árabes están consiguiendo moverse
con éxito en esta nueva galaxia. Este es uno de los fenómenos
más sorprendentes, comenta Mernissi, acaecidos después del ataque
del 11 de septiembre. La exitosa televisión Al Jezira gana público
cada noche gracias a la elocuencia de sus nuevas presentadoras, Jumana Nammour,
Kadija Bin Guna y Muntaha Al Rumahi, y a su experta en economía Farah
al Baraqaui. Y los canales donde todo el día aparecen cantantes, sean
hombres o mujeres, son abominados por un público interesado en saber
lo que pasa en el mundo y en problemáticas de ámbito más
personal. Por otro lado, en cuanto a la capacidad laboral en este sector, "sólo
en Egipto de las 80.000 personas que trabajan en la radio y en la televisión,
50.000 son mujeres y han desarrollado con éxito estrategias para conseguir
ocupar puestos importantes en las jerarquías directivas".
Se puede objetar a la escritora que estas mujeres son una minoría y que
la mayoría está sometida, lo que también es cierto, sobre
todo en el ámbito jurídico privado. Pero un elemento a tener en
cuenta es que al hablar de mujeres árabes estamos hablando de una mayoría
de mujeres jóvenes y esto es importante para el futuro, porque las menores
de 24 años representan el 60%, mientras que en Europa son un 30%. La
socióloga argelina Souad Khodja se pregunta si las reivindicaciones cívicas
de las mujeres árabes y la tenacidad de la tradición son un conflicto
insoluble o si sólo lo es a corto plazo. Los indicadores muestran hoy,
por ejemplo, que la mayoría de las argelinas han entrado en la modernidad
porque disponen de los instrumentos considerados necesarios para el ejercicio
de los derechos de ciudadanía y que en este sentido los integristas han
emergido demasiado tarde, lo que produce un mayor enfrentamiento.
A pesar de que los políticos musulmanes todavía son alérgicos
a la presencia de las mujeres en los parlamentos, las mujeres han organizado
su venganza silenciosa y están invadiendo en masa el mundo científico
y el de las profesiones técnicas: el 33,6% en Irán, 30,3% en Turquía,
27,6% en Argelia y el 31,3% en Marruecos. En Argelia el profesorado de primaria
y secundaria es el 43% y en la universidad el 25%, y también la magistratura
es ocupada por un 25% de mujeres en Argelia. Más importantes son estas
cifras en el campo de la sanidad: el 66% de los farmacéuticos, el 63%
de los dentistas y el 50% de los médicos son mujeres. Por lo que podríamos
decir que, a pesar de la poca ocupación femenina asalariada en estos
países, la representación de las mujeres se hace patente en ocupaciones
cualificadas y muy cualificadas. Por otro lado, las bajas cifras de actividad
femenina no son del todo ciertas ya que una gran mayoría de mujeres trabajan
en economía sumergida.
Existe una dualidad entre tradición y modernidad que marca la situación
de la mujer en los países árabes. Encontramos una elite moderna
que reclama la plena ciudadanía de las mujeres cara a la institucionalización
de los derechos a través de unas leyes justas y equitativas y otro sector
conservador que combate esos derechos. El asociacionismo emergente puede facilitar
la participación de la mujer en la vida pública y económica,
dando soporte a su integración en el mercado de trabajo.
Si el patriarcado ha intentado en el Mediterráneo dominar a las mujeres,
no le ha sido una empresa fácil y, a pesar de una cierta apariencia de
éxito todavía reflejada en los códigos de la familia de
gran parte de los países árabo-musulmanes, ahora se está
desmoronando. Los nacionalismos -no todos- fueron el último bastión
que intentó en nombre de la tradición contener a la mujer dentro
de la esfera privada; los fundamentalistas religiosos abogan con fuerza por
este estatuto convirtiéndolo en un falso dogma, pero la gran floración
de asociaciones feministas que luchan por la reforma y la cada día más
evidente participación de la mujer en la esfera pública hacen
que entren en contradicción las aparentes constituciones democráticas
de estos países.
Sin embargo, el estatuto privado de la mujer la considera una menor y permite
al marido aplicar muchas trabas hacia la esposa. Esto se ve alentado por la
falta de un mínimo estado del bienestar que podría ayudar a las
mujeres en su responsabilidad de madres y ciudadanas. De hecho, los derechos
humanos vinculados a la mujer árabe son, según diversos analistas
de una y otra orilla, el gran proyecto del siglo XXI.
* Antropòloga, dirigeix el departament d'Estudis de Cultures
Mediterrànies de l'Institut Europeu de la Mediterrània. Ha publicado
entre otros trabajos "Dona i migració a la Mediterrània Occidental"
(Proa) y "La sociedad civil en Marruecos" (Icaria)