La activista iraní carga contra los que violan los derechos humanos en
nombre del islam

CECILIA MORA - Servicio Especial. Estocolmo.

La activista iraní Shirin Ebadi se convirtió ayer en la primera mujer musulmana en recibir el premio Nobel de la Paz. En una solemne ceremonia en la Casa del Ayuntamiento en Oslo, la entrega del galardón tuvo por tercer año consecutivo un aire contra la política del presidente de Estados Unidos,
George W. Bush.

En la entrega del 2001, Kofi Annan afirmó que "no sería inteligente" atacar Iraq. En la del 2002, el presidente del Comité Nobel afirmó que el galardón a Jimmy Carter era "un puntapié" contra Bush. Y, ayer la abogada reformista -bestia negra de los conservadores iraníes- aprovechó su discurso de agradecimiento para enviar un duro mensaje antibélico a Occidente, acusando indirectamente a Estados Unidos de violar los derechos humanos bajo el pretexto del 11-S. Sin mencionar a EE.UU., Ebadi se refirió a la base de Guantánamo como ejemplo de cómo se "violan los principios de la Convención de Ginebra sobre el trato a los prisioneros de guerra (...) En los últimos dos años, algunos estados han violado los principios universales y leyes de derechos humanos utilizando los actos de terrorismo del 11 de septiembre y la lucha antiterrorista como pretexto", agregó la galardonada.

Con la cabeza descubierta, la jurista iraní se preguntó "por qué algunas resoluciones de la ONU son vinculantes y otras no. Por qué una decena de resoluciones sobre la ocupación israelí de territorios palestinos no se han puesto en práctica durante 35 años mientras Iraq y su gente han sido sometidos a sanciones, ataque militar y ocupación".

Shirin es la primera mujer iraní que llegó a convertirse en jueza, antes de que la revolución islámica de 1979 la obligara a ceder su puesto a un hombre. En su alocución no dudó en criticar al régimen islámico de su país afirmando que "algunos musulmanes aseguran que los principios islámicos y la estructura social tradicional no son compatibles con la democracia y los derechos humanos. Esta es su disculpa para nombrar gobiernos despóticos, pero -subrayó- no es fácil gobernar un pueblo que sabe cúales son sus derechos y cuando para ello se utilizan métodos patriarcales". Con una sonrisa en los labios, la premiada finalizó su discurso con un deseo: "Ojalá que este milenio sea mejor que el anterior, el más catasfrófico de la historia".

Ebadi, de 56 años, recibió el Nobel de la Paz en una ceremonia caracterizada por la ausencia del rey Harald, recién operado. En su lugar asistieron su hijo, el príncipe heredero Haakon y la reina Sonia.

En su discurso de entrega del premio, el presidente del Comité Nobel Noruego, Ole Danbolt Mjös, se refirió a la galardonada en términos de luz y de esperanza para el pueblo de Irán. "Estoy convencido de que el premio ha
sido otorgado a la persona correcta, en el momento justo y con un fin noble", señaló Mjös ante una sala repleta de invitados. Y señaló: "Tu nombre brillará en la historia de los premios Nobel de la Paz. Esperemos que el galardón inspire al cambio en vuestro querido Irán y en muchas partes del mundo en donde se necesita tu firme voz. Déjeme, para ser más claro, agregar que también me refiero al mundo occidental", puntualizó.

Mientras transcurría la ceremonia, miembros de la oposición comunista iraní en el exilio protestaban en la calle contra el régimen iraní y contra el premio a Ebadi por considerar que la abogada no es lo suficientemente radical como para ser merecedora del Nobel. Shirin no se considera a sí misma revolucionaria. En sus discursos puntualiza que no quiere hacer ninguna revolución, sino que pretende cambiar las cosas utilizando la ley y con otra interpretación del islam.

Sin hacer referencia directa a los sentimientos encontrados que Ebadi despierta en su país, el presidente del Comité Nobel señaló: "Comprendo que hayas esperado más congratulaciones por parte de las autoridades de tu país".