"A mí nadie puede ya dañarme,
sólo Dios"
VÍCTOR-M. AMELA l Barcelona
Nací en pleno desierto de Somalia, en una familia nómada:
¡no sé la edad que tengo! De niña, me practicaron la ablación.
Pastoreé cabras y camellos, y huí cuando mi padre quiso casarme.
He sido "top model" y vivo entre Londres y Nueva York. Estoy separada
y tengo un hijo, Aleeke (5). Sólo creo en el poder de Alá, no
en religiones.
-¿No sabe la edad que tiene?
-No. Lo único que sé es que cada día es nuevo.
-Pero, más o menos...
-Nací en el desierto de Somalia hace ¿33 años? ¿36
años? ¡Qué más da! En el desierto no hay papeles,
ni falta que hacen. Aquí, en cambio, respiras y ya te han hecho un papel.
¿Para qué tantos papeles?
-¿Hasta cuándo vivió en el desierto?
-El desierto fue mi hogar durante toda mi infancia. Yo pastoreaba el rebaño
de camellos y cabras de mi padre.
-¿Qué era lo peor de aquello?
-Ir descalza. El suelo estaba erizado de piedras y no podíamos ni pagarnos
unas sandalias. ¡Cómo me sangraban los pies!
-¿Y lo mejor?
-Todo. No teníamos ni agua corriente, ni electricidad ni casa: éramos
nómadas... pero teníamos el rebaño y a nosotros mismos.
¡Estábamos bien! Unidos: mi madre, mis hermanos, mi padre... Me
pegaba, pero...
-¿Le pegaba su padre?
-Él mandaba. Ante la presencia de "aba" (padre), temblábamos.
"Aba" era un hombre fuerte, alto, sólido, grande, guerrero:
¡un león! Si se enfurecía... ¡mejor huir! Una vez
me dormí ¡y dos cabras se me perdieron! Me dio tal bofetón
que rodé por el suelo...
-¿Y añora todo eso?
-Años después, sola en habitaciones de hoteles de Nueva York,
¡habría preferido mil veces un bofetón de mi padre a esa
soledad!
-¿Y cómo llegó de Somalia a Nueva York?
-Eso no tiene explicación... ¡Que yo esté aquí hablando
con usted es un milagro!
-¿Por qué?
-Yo tenía unos trece años... y me escapé.Mi padre iba a
casarme con un viejo de sesenta años porque le daba cinco camellos.
-¿Era eso lo habitual?
-Sí. Pero, por lo que sea, yo era especial, rebelde... ¡Yo no me
doblegaba!
-¿Se doblegan las demás mujeres?
-Las niñas son educadas para trabajar, para ser ofrecidas en matrimonio,
para servir al varón. Eso quieren los padres para sus hijas.
-Y eso querían para usted.
-Sí, y una buena madre se preocupa de que su hija sea pura, limpia, virgen,
y por eso la mía me llevó a la ablación. Por amor a mí.
Y yo, claro, ¡yo quería ser "pura y limpia"!
-¿Recuerda usted el día de su ablación?
-Sí. Yo debía de tener unos cinco años... En Somalia se
practica la ablación más severa: se extirpan clítoris y
labios menores de la vagina. La herida se cose dejando sólo una abertura
del diámetro de una cabeza de cerilla, para la orina y la menstruación...
-Buf...
-Mi hermana murió desangrada. Es un milagro sobrevivir a eso... Yo, desde
aquel día... supe que ya nada podría destruirme.
-¿No teme usted a nada ni a nadie?
-¿Yo? ¡Sólo temo a Dios! Alá es ya el único
que puede hacerme daño...
-¿Qué se puede hacer para acabar con eso?
-Nadie en el mundo, ¡nadie!, ¿oye?, sabe más que yo sobre
eso... Cuando empecé a hablar sobre la ablación en Estados Unidos,
me sentí fatal, muy culpable: ¡yo estaba allí, criticando
la cultura de mi familia amada...!
-Me pregunto si hoy se vería capaz de cambiar la mentalidad de
su propia madre...
-¡Lo he hecho! Veinte años después de escaparme de casa,
he vuelto a Somalia, he reencontrado a mi madre... y ya piensa como yo. ¡Hay
esperanza! Hoy me dedico a esto: a conseguir medios para formar maestros en
Somalia, educar a niñas, madres, imanes...
-No ha acabado de explicarme cómo huyó.
-Caminé hacia Mogadiscio, la capital, cruzando el desierto. Una mañana
desperté con un león ante mí, con su enorme melena. Le
dije: "Cómeme. Estoy preparada". ¡Y se fue! Ese día
supe que Alá me reservaba para algo.
-¿Y qué fue?
-En Mogadiscio encontré a una tía mía. Poco después
estuvo en su casa un diplomático somalí destinado en Londres,
casado con otra tía mía, y pedí que me llevaran allí
como criada. ¡Nunca antes había visto blancos!
-¿Recuerda cuándo fue la primera vez que alguien le dijo
"eres muy guapa"?
-Sí, fue en Londres. Un fotógrafo me siguió por la calle,
me dio su tarjeta, insistió en fotografiarme. Me dijo que era guapa...
¡Nadie le dice eso a nadie en Somalia!
-¿Por qué no?
-Porque eso motiva que los "djinn" (demonios) se fijen en uno: ¡si
a un niño le dices "guapo", atraes sobre él las desgracias!
-¿Y qué siente hoy en día al oírlo?
-Me da igual. ¿Quién es nadie para decir que otro es guapo o feo?
¿Quién osa erigirse en juez? ¡Sólo Alá es
juez, no los hombres! Yo me siento a gusto conmigo, y es lo único que
me importa. Y la única hermosura que valoro es la del alma. Por lo que
de verdad debemos dar gracias es por estar vivos.
-Pero..., ¿cambiaría algo de su cuerpo?
-Mis piernas están arqueadas, y podría desear que fuesen perfectas...
¡Pero no!: las agradezco, porque son hijas de mi malnutrición infantil,
y ellas me recuerdan quién soy.
-A usted ya no le falta de nada, hoy...
-Sí, y cuando veo el agua que se va por el desagüe al ducharme,
me desespero. ¡Lo que harían en el desierto con cada gota! Y la
comida... ¡No soporto ver a los americanos comiendo por la calle de cualquier
manera! Eso es que no valoran ni agradecen la comida.
-¿Qué sintió al volver a ver a su padre?
-Le habían robado su rebaño y operado de los ojos con un cuchillo
en el desierto: quedó ciego... A aquel hombre tan poderoso y fuerte le
vi ahora tan frágil y desvalido... ¡Pero aún con la cabeza
alta! Nos despedimos, y entonces me confesó: "Tú eres como
yo". Mi padre... ¡estaba orgulloso de mí! Lloré...
LEÓN
Tras cuatro años de vivir en Londres, una amiga la llevó a un
cirujano... que reabrió lo que estaba cosido. ¿Cómo hubiera
sido su vida de no haber sufrido la ablación?, le pregunto: "¡No
pierdo ni un segundo en pensar así, no conduce a nada!". No le pregunto
cómo vive ella el sexo, porque lo he leído ya en su impresionante
libro, "Amanecer en el desierto" (Maeva): "Para mí el
sexo tiene que ver con lo que siento por mi pareja: cuando Dana -el padre de
mi hijo- me besaba y acariciaba, yo no echaba de menos nada importante. El orgasmo
comienza en la cabeza y acaba en el corazón...". Waris fue la imagen
de Revlon, hizo cine, pasarela... Hoy se dedica a su gente (desertdawn.com),
es embajadora de la ONU y cuesta sostenerle la mirada: es la mirada omnipotente
de un león.