"Un hombre chino jamás dice 'te quiero'"

VÍCTOR-M. AMELA l Barcelona

Tengo 44 años y nací en Pekín. Soy periodista y en China presentaba un influyente programa de radio nocturno. Así conocí los tremendos sufrimientos de mujeres chinas: me afectaron tanto, que abandoné China hace seis años. Vivo en Londres con mi hijo Pan Pan (14 años) y estoy casada. Los chinos empiezan ahora a hablar de sexo.

Nació en la China de Mao...
-Sí. Mao hizo mucho por los campesinos, que le auparon al poder. A mí, en cambio, Mao me robó a mis padres...
-¿Qué quiere decir?
-El Partido exigía la máxima entrega, y eso no era compatible con criar hijos. Y mis padres trabajaban para el Ejército, así que al nacer me entregaron a mis abuelos...
-Debió de ser duro para sus padres...
-Imbuidos de aquella ideología, a todos les parecía lo normal actuar así... Vi a mi madre por primera vez a los cinco años. Luego, a los siete, empecé a vivir un tiempo con ellos. Pero entonces nos quemaron la casa.
-¿Quién?
-La Guardia Roja. Era 1965, en la revolución cultural: depuraron a los intelectuales y mis padres, personas intelectualmente formadas, acabaron en la cárcel. Y yo fui enviada a un campo de reeducación. ¡Los demás niños tenían derecho a escupirme!... Me entristece recordar ahora todo aquello...
-¿Qué pasó luego con usted?
-Estudié. Tenía facilidad: hice cinco carreras. Y luego entré a trabajar en la radio. Y en 1988 conseguí hacer un programa, con gran éxito: "Palabras en la brisa nocturna".
-¿En qué consistía?
-Empezaba a haber apertura, y yo probé algo que en China jamás se había hecho en 40 años: ¡yo hablaba de asuntos personales!
-¿Nadie hablaba de asuntos personales?
-¡No! Todo en la radio eran oficialistas directrices de partido. Se rechazaba todo pálpito humano. Pero yo empecé a hablar de aspectos de la vida cotidiana y los glosaba usando mis propias experiencias personales.
-¿Y qué reacciones provocó?
-Me llegaron cientos de cartas de personas explicándome aspectos de sus vidas. Y una de esas cartas alteró el curso de mi vida.
-¿Qué contaba esa carta?
-Era de un chico: me explicaba que un viejo de su aldea se había casado con una niña de 12 años y que la oía llorar todo el día, porque el viejo la tenía encadenada a la cama, para que la niña no escapase. Y la cadena estaba descarnándola y sangraba, y la niña podía morir. Me rogaba que salvase su vida. Y que no citase su nombre por la radio.
-¿Por qué no?
-Porque en la aldea lo matarían y echarían a su familia. Esas bodas son habituales en el campo chino (incluso con niñas secuestradas, como era el caso), y las familias se tapan.
-¿Y qué hizo usted entonces?
-Hablé con mis jefes y me puse tan pesada que al final fuimos con un coche a liberarla, entre un monumental escándalo. Pero me consternó ver que, después, mis colegas y jefes ¡me riñeron por aquello! "¡Has agitado al pueblo y drenado las arcas del Estado!"
-¿Y no les escandalizó lo de la niña?
-No. ¡Como casi nada de lo que pueda pasarle a una mujer! Aquello y las cartas me descubrieron la realidad: la situación infrahumana de la mujer en la China rural..., ¡que es el 80% de la China actual! Como yo vivía en el otro 20%, no me enteraba de nada. ¡Casi 500 millones de mujeres viven en el infierno!
-¿Qué otros casos conoció por esas cartas?
-Niñas violadas por sus padres durante años con consentimiento de madres sumisas; madres viejas abandonadas por hijos; una chica que se suicida porque su padre ha visto cómo el novio la besaba; chicas vendidas para ser desposadas... Empecé a viajar por el país para recoger testimonios de mujeres...
-Hágame un balance.
-Machismo, dominación, sumisión, sacrificio... Desconocimiento de la autoestima, del placer, del propio cuerpo... No hay que ir muy lejos: yo misma, a los 22 años, rechazaba hacer manitas con un chico, pues ¡creía que, si lo hacía, iba a quedarme embarazada!
-¿No había en China educación sexual?
-Jamás la ha habido. Sólo desde hace un año se habla de sexo a los jóvenes. Acabo de estar en China y, ¡por primera vez en mi vida, he visto a una pareja besarse en la calle!
-Me alegro... Y usted, Xinran, ¿a qué edad se besó con un hombre por primera vez?
-A los 30 años. ¡Yo ya tenía cuatro carreras, ja, ja..! Y sentí algo tan raro..., que rompí mi matrimonio (antes me había casado sólo por casarme) y decidí criar sola a mi bebé.
-¿Su primer marido no la había besado?...
-No. Verá... Un hombre chino jamás expresa su amor por una mujer. ¡Jamás le dirá "te quiero" a su mujer! Eso le resulta humillante. Quizá eso ahora empiece a cambiar...
-¡Es increíble!
-Un día hice un experimento en mi programa, que era ya uno de los más seguidos de China: pedí que llamasen sólo hombres y que, por antena, dijesen "¡te quiero!" a su madre o a su esposa. Transcurrieron 45 minutos -el resto del programa-... y nadie llamó.
-¿Es esa frialdad hija del maoísmo?
-No: antes ya era así. Del mismo modo, siempre se ha recibido con alegría el nacimiento de un niño y con indiferencia el de una niña. Las mujeres chinas consideran que su cuerpo desnudo es algo feo y vergonzante.
-No es una ganga ser mujer en China...
-Y menos todavía en el campo. Se las trata peor que a animales. Hay una zona montañosa en la que se emplea el verbo "usar" para la cópula, y las mujeres son "usadas" sin más. Visitar aquel lugar me trastornó tanto...
-¿Contó esas cosas en su programa?
-Las que podía. Otras me las censuraban. La tensión entre lo que saben y lo que pueden contar genera un enorme estrés entre los periodistas en China. Todas esas historias me hacían llorar tanto por las noches... Mi médico me dijo entonces que si seguía tomando pastillas para dormir, mi salud corría grave peligro. Y decidí abandonar China.